La sociedad del espectáculo

5 05 2011

La imagen de arriba es del líder italiano Mussolini junto a su amante Clara Petacci  y algunos colaboradores, colgados  luego de ser asesinados por una turba que los descubrió  en los últimos días de su gobierno en 1945. Algo muy parecido a lo que opinión pública  hubiera querido ver luego de la ejecución del líder terrorista Osama Bin Laden.

El presidente Barack Obama  cerrado el caso y ha dicho que no se mostrará las fotografías de la ejecución que ordeno, pues no es un trofeo, ante el desconcierto de millones de televidentes que desean ver la sangre, tripas y masa encefálica  del  enemigo número uno de la humanidad.

Esa demanda de los medios por tener la foto de Bin Laden abaleado, no tiene que ver con certificar su muerte sino más bien por satisfacer la necesidad de público de disfrutar de una ejecución.

No hemos cambiado mucho desde los tiempos del circo romano, o cuando se colgaba el puente de Londres la cabeza de algún insurrecto, seguimos necesitando esa dosis de violencia para confirmar que la justicia es implacable y sin miramientos, pero sobretodo porque la muerte produce un enorme placer, los gritos de alegría tras la ejecución de Bin Laden, no deben haber sido muy distintos al éxtasis de la turba cuando se guillotinaba a monarquistas durante el reinado de terror en la Revolución Francesa.

Por cierto, no hay que hacer mucha historia para notar como es el espectáculo de la muerte, quizás el primer antecedente sea el juicio y ejecución televisada del derrocado dictador de Rumania, Nicolas Ceaucescu y esposa, con el que se empezó la costumbre de nuestra época de mostrar la muerte del caído en desgracia de turno.

Veinte misterios sobre la muerte de Bin Laden. 20minuto.es








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