Democracia en jaque

14 12 2009

Tomado de Foreign Policy en español.

Es verdad que Honduras es un país pequeño e irrelevante para la comunidad internacional. Pero en Honduras se juega no sólo el futuro político de sus siete millones y medio de habitantes, sino el de la democracia latinoamericana. Reconocer unas elecciones convocadas y preparadas por un Jefe de Estado impuesto por la fuerza militar y con el presidente electo encarcelado en la Embajada de Brasil es retroceder al oscuro y no tan lejano tiempo de las dictaduras latinoamericanas.

Reconocer a Pepe Lobo como presidente de Honduras es legitimar una democracia electoral tutelada por las Fuerzas Armadas y la élite tradicional del país, no nos engañemos. ¿Qué diálogo puede ofrecer un presidente que “limpió” un golpe de Estado y salió de una elección que no observó nadie? ¿Cómo puede reconciliarse con la otra parte del país que votó por Zelaya si el Congreso decidió no reinstaurarle en el poder? Ignorar estos hechos es grave. Reconocer estas elecciones y sus dudosos resultados significa hacerse partícipe de un juego político en condiciones antidemocráticas. Ante las sospechas de fraude, en Honduras ni siquiera hay la democracia electoral que la comunidad internacional suele aceptar como mínimo denominador común. Continúa aquí.

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