Desastres de guerra: Sobre “La muerte a diario” de José Pablo Baraybar

17 09 2012

ImagenEl célebre pintor español  Francisco Goya fue uno de los principales retratistas de la miseria de la guerra en sus dibujos sobre la invasión de napoleónica en la España del siglo 19; los cuerpos retorcidos y abandonados  que lo hicieron famosos conmueven, rebelan, indignan, quizás porque estas imágenes las sentimos lejos y nos espanta lo desconocido. Todo lo contrario al libro La muerte a diario del peruano Jose Pablo Baraybar, quien muestra la muerte como un hecho cotidiano y violento, consecuencia de  su trabajo como antropólogo forense en los escenarios de los múltiples genocidios del siglo XX.

Baraybar narra con realismo y sin discursos pomposos sus experiencias alrededor del mundo en su tarea de examinar  los cuerpos masacrados de los crimenes que debe investigar. Pero sobretodo su labor es examinar huesos, cientos, miles, millones de huesos esparcidos en cuevas, desiertos, arenales  esparcidos desde Ruanda,  Haití, Somalia, Kosovo o Ayacucho.

El texto mitad ficción mitad crónica es además un fino  ejercicio de cinismo y algo de humor en medio de tantas muertes  en nombre de la religión, la patria, la libertad o cualquiera de sus variantes.

La muerte a diario da cuenta de la experiencia de Baraybar  de como convivir tan cerca de los cadáveres y como estos se convierten  en parte de su vida. Como bien se narra en uno de los pasajes del libro en donde el autor se detiene a comer una manzana cerca de una cueva que en realidad es una fosa común llena de cadáveres y a la que, por supuesto, un enjambre de periodistas se esfuerzan a tomarle fotos.

Sin embargo, uno de sus pasajes más infernales es el retratado en Somalilandia  en África, a donde llegó para investigar en una de las fosas comunes más grandes del mundo en medio de un basural, en el cual también habia una población cuyas vidas continuaban sin el menor espanto. Un retrato de pesadilla para un antropólogo  forense que debe clasificar, ordenar y de ser posible identificar a las  posibles víctimas para poder llevar a sus asesinos a la cárcel.

El libro cierra con una crónica sobre el encuentro con el líder serbio Radovan Karadzic, quien espera ser juzgado por el Tribunal Penal Internacional de la Ex Yugoslavia, por la masacre de Srbrenica donde fueron ejecutados  bajo sus órdenes alrededor de 8 mil bosnios durante la guerra.

La cita con Karadzic  muestra como una persona  pulcra, educada, y  “normal”, es un criminal  capaz de negar todos sus crimenes con una sonrisa en el rostro y mirando directamente a los ojos. Como señalaría Hanna Arendt el mal puede ser banal sin embargo a diferencia del oficial nazi Adolf  Eichman, que motivo sus reflexiones, el jerarca serbio no parece mostrar miedo, ni desconcierto sino estar totalmente en control  de la situación.

Baraybar  ha escrito un libro de viaje interior y sin anestesia a los peores crimenes de la humanidad, en el no hay victorias, ni finales felices, solo la certeza de una vez más habrá que hacer las maletas para investigar,dentro de lo posible, en un nuevo mar de osamentas.





¿Cómo se hace un genocida?

2 11 2009

himmle2Luego de leer la entrevista que le hacen al historiador británico Peter Longerich, por su biografía sobre el líder nazi Heinrich Himmler, la conclusión que se puede sacar es que cualquier persona en determinada circunstancia puede convertirse en una genocida.

Para quien no lo sepa Himmler era el líder de las SS, así como el encargado de los campos de exterminio que proliferaron en toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Su perfil no encaja para nada en alguien que mando a la cámara de gas a millones de judías, comunistas, gitanos, etc. Según se dice Himmler era silencioso, católico, respetuoso de su familia, modesto y casi asexuado. Sin embargo, algo que resalta Longerich es su capacidad de no desarrollar emociones o por lo menos mantenerlas controladas. Lee el resto de esta entrada »





Karadzic detenido

24 07 2008

Tomado de GuerrayPaz.com

Radovan Karadzic ha sido detenido en Serbia. A estas horas no se saben los detalles sobre dónde ni cómo ha sido detenido este genecida. Karadzic está acusado de crímenes de guerra, como fue el cerco de tres años y seis meses al que sometió a Sarajevo que acabó con la vida de unas 12.000 personas y por ordenar la masacre de 8.000 varones musulmanes en 1995 en Srebrenica, donde estaban en teoría custodiados por 400 cascos azules holandeses que no hicieron otra cosa que retirarse y dejarles consumar la matanza.

Al mando del Ejército de la República Srpska (el ejercito serbio de Bosnia) que consumó esta matazna se encontraba otro criminal: Ratko Mladic, aún hoy en libertad, y que se convierte ahora en la pieza más codiciada para el Tribunal de la Haya que juzga los crímenes de guerra cometidos en la contienda de la Ex-Yugoslavia. En la matanza – la mayor en territorio europeo desde la Segunda Guerra Mundial — también participó el grupo paramilitar de Los Escorpiones. Algunos de sus oficiales fueron ya juzgados en Serbia a penas que no superaban los 60 años de cárcel.

Todas las crónicas de urgencia destacan un extremo: la entrega de Karadzic y Mladic es condición ineludible para que Serbia pueda entrar en la Unión Europea. Desde que se formularan cargos contra ellos en el año 2000, ha dado la sensación de que Serbia no iba a hacer nada por encontrarlos; pero las cosas cambiaron cuando Milosevic — posteriormente muerto de un infarto en una celda de la Haya — fue entregado por el también nacionalista Kostunica. Y la salida de Kostunica ha podido ayudar también a que esta detención se acelerara. El denominado proccidental presidente serbio, Boris Tadic, logra con esta detención estar más cerca de la UE, que le exigirá también la cabeza de Mladic, que  se ha aprovechado estos años de los resortes de los servicios secretos y del ejército para eludir cualquier eventual detención.

Han tenido que ser los serbios los que van a entregar a Karadzic, los mismos que sabían donde andaba y no hacían nada para detenerlo. Hace unos años, una periodista serbia me contó como por Belgrado corría el chascarrillo de que si escribías una carta con el nombre de Karadzic, esta le acababa llegando. El resto de países ha protestado mucho, pero poco ha hecho. Incluso se ha hablado de un pacto para que Karadzic y Mladic no fueran entregados.

Karadzic, el psiquiatra que llegó a asesor en los años 80 a los jugadores del Estrella Roja, el poeta, el criminal, se enfrentará ahora a estos cargos que le pueden dejar de por vida entre rejas. Asistiremos, sin duda, a su declaración patética y teatral ante el tribunal, tal y como hizo en su día Milosevic, porque esta suele ser la actitud de estos cobardes criminales.

El extraño caso del doctor Karadzic. EL Mundo

El Papa Noel de Nuevo Belgrado. El País








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