Un papa a la medida.

18 03 2013

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La elección de Jorge Bergoglio como el papa Francisco ha significado, para unos, un retroceso para la Iglesia Católica al elegir un colaborador de la dictadura militar argentina, mientras que para otros se abre la esperanza  de un cambio al designar a un argentino y jesuita en el Vaticano.

Si  bien las críticas a su rol durante los años de la Junta Militar despertaron originalmente las suspicacias sobre su comportamiento durante uno de los episodios más oscuros de Argentina, la acusación de haber colaborado en la detención de dos jesuitas en 1976 parece ir perdiendo peso con las declaraciones de uno de ellos, y con las afirmaciones del premio Nobel de la Paz, Adolfo Perez Esquivel quien descartó su participación activa con la dictadura.

Vale recordar que los vínculos  de la Iglesia Católica de ese país con los militares fueron muy estrechos y hubo un apoyo institucional que se expresó en mirar a otro lado  mientras miles eran torturados y asesinados, serie bueno recordar que el general Videla consideraba  que su gobierno representaba a la cristiandad contra la expansión del comunismo.

¿Un papa carismático?

El papa Francisco ha tenido una serie de gestos positivos  como las menciones a la pobreza, la austeridad y su notoria modestia, cosa que ha despertado el entusiasmo de los católicos. Sin embargo, el carisma puede ser muy engañoso ante la magnitud de la tarea que debe incluir una limpieza de sacerdotes pedófilos.  Un hecho que resaltado fue la reacción de Francisco al expulsar al cardenal de Boston Bernard Law de la Basílica Santa María Mayor, debido a las acusaciones en su contra por ocultar a 250 pederastas. 

Si fue cierto está reacción fue un buen gesto, pero en este caso  y en otros el destino de Law debe ser un tribunal donde sea juzgado por  los crímenes de los que  lo acusan.  Las acusaciones de pedofilia se cuentan por miles en la Iglesia Católica y se espera que haya una actitud más firme de parte del Vaticano que colabore con la justicia y se encarcele a los culpables y no se les oculte en monasterios.

El peligro de los gestos es que se oculten los verdaderos problemas del Vaticano que van desde el abuso de menores hasta la corrupción financiera. Los problemas de nuestro tiempo tenían que afectar  también a esta institución y estos ya no se pueden resolver mirando a otro lado. De no hacerlo la Iglesia Católica se estaría condenando a la total irrelevancia en un mundo cada vez más complejo.

El signo de nuestros tiempos

No estamos siendo demasiado esperanzados en un solo hombre, la lista de deseos para que la Iglesia Católica permita a la mujer ejercer misa,que ya no se autorice el uso de condones y otros anticonceptivos,  qué tal el espinoso tema del matrimonio entre homosexuales,  la lista es infinita y difícil de cumplir. Hay que entender que el papa Francisco fue elegido para mantener las tradiciones del catolicismo, por algo no es un hombre conservador. Esta es una religión que tiene muchas críticas, muchas veces fundadas, en el mundo moderno al que le critica su  frivolidad y su hedonismo.

El papa tendrá Twitter  y seguramente jugará fútbol pero no quiere decir que sea moderno, aunque muchos católicos tengan la esperanza de que haya una conciliación entre los usos de la vida contemporánea y las creencias religiosas. Sin embargo, en los momentos quizás por primera vez el Vaticano vea que se está perdiendo fieles y que sin una modernización real puede quedar rápidamente en la irrelevancia, ante la dura competencia con las iglesias evangélicas u otros cultos que cada día crecen más.

En ese sentido, la elección de un jesuita puede quizás ayude a repensar cómo actualizar la doctrina católica, manteniendo la tradición pero siendo lo suficientemente atractiva para enfrentar los tiempos postmodernos en los que vivimos donde los mensajes en la marea de información, donde la imagen es más importante que las palabras y en el que los derechos de los individuos,afortunadamente, ya no podrán retroceder tan fácilmente.

Lecturas recomendadas:

The silence and tradition of Pope Francis.Mediapart


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One response

1 01 2014
ramón

Me parece que la problemàtica que enfrenta la Iglesia católica en relación a las acusaciones de que son objeto un número importante de clérigos y religiosos, es digna de que se responda a ella con medidas radicales. Con todo el respeto que me merece el Papa Francisco, como máximo dirigente de esta Iglesia (me incluyo entre sus integrantes como creyente), independientemente del grado de responsabilidad de los acusados de pedofilia, que no deja de ser una situación grave y lamentable; me permito sugerirle que contemple la posibilidad de modificar la política actual de que se sea célibe para ser ministro católico, al contrario, que para ser sacerdote el aspirante, esté casado y sea sujeto a sanciones si no cumple con sus obligaciones como tal. Me parece que tendría mayores elementos de juicio para orientar a sus fieles, dando el buen ejemplo, además de que la Iglesia se renovaría y actualizaría en forma por demás notable.

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