El regreso de las camisas negras

1 08 2011

Fascistas italianos vistiendo sus clásicas camisas negras

El historiador Julian Casanova acaba de publicar un artículo en el diario EL PAIS, titulado Lo que enseña la historia, en él explica que la actual situación de crisis económica y fuerte cuestionamiento al modelo democrático  que recorre Europa puede desencadenar en una ascenso de la ultraderecha.

Según dice Casanova:

Si la crisis económica, el paro y los recortes sociales no encuentran fin, los conflictos en torno a la distribución de la riqueza desafiarán a los Estados democráticos. Lo estamos viendo ya ahora: quienes realmente aumentan el poder en este escenario ya no son las instituciones políticas democráticas, nacionales o europeas, sino las agencias de calificación, los bancos y los especuladores, que tienen mucha más fuerza que los Parlamentos y que los órganos de representación de los ciudadanos.

Así puede germinar la semilla de la ultraderecha, en medio de la crisis económica, de la incompetencia de las autoridades establecidas para remediar los males de la sociedad, con la urgente necesidad por parte de los Gobiernos y Parlamentos democráticos de reestablecer la confianza en las instituciones. Las organizaciones ultraderechistas aprovecharán la ocasión para presentar la crisis como un resultado de la inutilidad del sistema democrático. Ya no necesitarán tomar el poder por procedimientos armados, como sucedió en los años veinte y treinta del pasado siglo. Bastarán algunas mentiras propagadas hasta la saciedad, unas cuantas maniobras políticas, e instalar en la opinión pública el miedo y la idea de que son las únicas que pueden arreglar los problemas, aportar seguridad frente al desorden.

Tampoco parece lo más probable que el crecimiento ultraderechista se manifieste hoy en forma de marea imparable, como lo hizo tras la I Guerra Mundial, pero la historia de aquel turbulento periodo nos ofrece enseñanzas inequívocas, que algunos ignoran o menosprecian y a otros muchos les resulta incómodo recordar.

Casanova nos recuerda que el fascismo tuvo como antesala situaciones de crisis y una desconfianza a  las instituciones. Inicialmente aparecieron como grupos sin gran legitimidad,  hasta convertirse en organizaciones enormes  que defendían más la acción más que las instituciones.

Los partidos ultraderechistas y fascistas pasaron en poco tiempo de tener un arraigo modesto en la sociedad a convertirse en organizaciones gigantescas. Los primeros afiliados pudieron llegar a ellas atraídos por las ideas, las promesas o el activismo violento del movimiento, pero detrás de los millones de ciudadanos que acudieron tras la conquista del poder había consideraciones más pragmáticas sobre las ventajas políticas y sociales de dar ese paso. Se trató también de una movilización de los desafectos frente a los partidos ya establecidos, desacreditados por su asociación con la democracia y por su fracaso a la hora de poner remedios a sus quejas.

El artículo de este historiador es una advertencia sobre lo que no debe volver a suceder si bien la historia no es cíclica, el mirar al pasado es siempre aleccionador. La historia sirve para espantar y advertirnos que siempre es posible descender al abismo.


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