América y sus líderes, bajo la lupa

18 08 2009

Tomado de EL CLARÍN
En esta entrevista el periodista estadounidense Jon Lee Anderson, autor de una completa biografía sobre el Che, arroja una mirada crítica sobre la política exterior de Obama. Adelanta que escribirá sobre Raúl Castro, habla mal de Manuel Zelaya, y dice que Chávez es la excepción a la regla de los presidentes “contadores”.

Después del éxito de su biografía Che Guevara. Una vida revolucionaria, el periodista estadounidense Jon Lee Anderson se ha vuelto un referente del retrato político. Sobre todo en lo referido a los líderes latinoamericanos. Ese es su trabajo también en The New Yorker. Ha dicho que le interesa mucho Raúl Castro y, tal vez, más adelante, se ocupe de Obama. “Raúl me interesa mucho porque Cuba es un país que siempre me ha fascinado, viví allí y su proceso histórico nos atrapa a todos”, dice. Y: “El es un hombre que ha estado allí todos estos años, pero no lo conocemos bien”. Sentado en los mullidos sillones del Festival Malpensante, en Bogotá, Colombia, donde dio una charla multitudinaria, Anderson le aclara a Ñ que jamás dijo que a Obama le faltara pimienta, como publicaron varios medios locales.

-Con sus discursos dialoguistas con el mundo árabe, con la propuesta de cierre de Guantánamo, ¿pudo Obama distanciarse de Bush y apaciguar los fuegos?

-Eso es lo que esperamos. Pero vemos, sobre todo mirando hacia Irán, que hechos no anticipados pueden ocurrir y picar más el ambiente. Irán se vislumbraba como un área de probable distensión, pero el contexto se ha vuelto agrio a partir de las elecciones, cosa que ha complicado la postura de distensión de Obama. Pero no tiene opción: es un pragmático.

-¿En qué demuestra ese pragmatismo?

-Hacia Cuba, por ejemplo, uno hubiera esperado que fuese más radical y que terminara con el embargo. Pero ha utilizado con la Isla el mismo estilo de política que lleva a otros ambientes: pragmatismo, lenguaje pausado, nuevo tono. Y poca acción.

-¿No puede hacer más?

-Es muy difícil, dados los múltiples focos de inseguridad en el mundo. Desde la economía a la política. Pero hay, en el pasado reciente norteamericano, un precedente, aunque el escenario hoy sea más complejo. Hablo de fines de los 70, cuando los Estados Unidos, pese a su discurso de paz, se vieron derrotados en Vietnam, y hubo un acuerdo de retirada. El gobierno de Vietnam del Sur cayó precipitadamente. Los años de Jimmy Carter, posteriores a la retirada, fueron de repliegue geoestratégico. Los soviéticos empujaron por donde pudieron: Granada, Angola, Camboya, Etiopía… Cayeron muchas fichas en ese tablero de ajedrez.

-¿Eso es lo que repite ahora Obama con Irak?

-Se nota que Obama tiene una mirada hacia el pasado. Los años de Carter le enviaron un mensaje al mundo, el de que los Estados Unidos estaban débiles. Pero luego llegó Reagan con su política belicista. Con guerras encubiertas, intervenciones que al final de los 80 desembocaron otra vez en guerras abiertas. El escenario que se puede vislumbrar en relación a Obama es que para él las apariencias cuentan, y mucho. El tiene que mantener una posición de fuerza, pero con mayor inteligencia y cierta diplomacia, distanciándose de Bush.

-¿Y qué estrategia tiene Obama para distanciarse de Bush dentro de los márgenes manejables en los Estados Unidos?

-Es curioso, porque él ha optado por una política casi imperial, llamando a virreyes o zares. Tiene a Hillary Clinton, que es una especie de embajadora plenipotenciaria en el mundo. Todo el mundo sabe que es la ex primera dama. Vienen con mucha fuerza, en bloque y con fuertes aliados a nivel internacional. Y ahora tienen hasta siete u ocho emisarios para determinadas zonas o países. Entonces resuena un poco la política imperial romana. Obama no está ahí para quemar la casa del imperio, está para resguardarla de una manera más inteligente, para que sobreviva, para fortalecer al imperio.

-Pero ese imperio ya se ganó muchos enemigos, ¿quiénes pueden discutirle su potencia hegemónica?

-Ahora creo que nadie. Eso hubiese podido suceder si hubiéramos tenido un par de años más con Bush. Es que él puso en jaque todo. Fue como el heredero de una fortuna que va a Las Vegas y termina hipotecando la mansión del papá. Y la pierde. Claro, después los acreedores vienen a cobrar sus cuentas, y ya hemos visto quiénes son esos acreedores. Los chinos no están listos y se asustaron con tanta responsabilidad tan rápido. Los rusos, con su perfil de guapo gangsteril, aprovechan cada apertura. Y también aprovechan esta coyuntura potencias menores, como Irán y, en América Latina, Venezuela. El imperio americano va a seguir, pero prescindiendo de algunas prebendas que antes tenía para asegurarse de otras.

-Mirando hacia adentro, ¿cuál será la evolución de Obama y su imagen, teniendo en cuenta que la sociedad americana se dio cuenta tarde de su error con Bush?

-No está muy claro. El nivel de discurso político ha bajado mucho. Yo estoy consternado con lo mediocre del debate político en los Estados Unidos. Es muy preocupante lo que sucede en el mundo mediático. Porque por un lado tenemos el colapso de los medios tradicionales y por otro una televisión despampanante que llegó a un nivel muy amarillista y burdo, empujada por el fenómeno Fox durante los años de Bush pero que contagió todo. Por eso Obama ha tenido que entrar en el juego mediático. Todavía es el primer presidente de una nueva era, que no se ha definido del todo. Y hasta cierto punto está debilitado por ello. Lo salvan su capacidad de articulación y su inteligencia. Es obvio que es un hombre muy culto, muy consciente de su papel histórico.

-América Latina tiene a Obama todavía en estudio, las resurgidas izquierdas sobre todo. Como también la derecha demoniza a Chávez. Hay allí un juego de contrapesos que, sin Bush, busca un equilibrio…

-Los extremos siempre buscan sus demonios para depositar odios. Chávez es el referente de la derecha arrinconada, frustrada o residual. Con cierta justificación, porque a veces es muy bocón. El también va trabajando en un vacío que va llenando, pero puede sobrepasarse, tiene esa tendencia. Es muy interesante el fenómeno de Venezuela. Ayer estaba mirando una foto de Obama con Chávez, en la Cumbre de las Américas. Miré la cara de Chávez, la forma en que se tomaban las manos, sus risas. Y miré la cara de Obama, que también lo miraba a Chávez con viveza criolla, se nota que lo conoce. Vamos a entrar en una pulseada interesante allí, y eso es muy saludable para Venezuela y Estados Unidos, pero también para todo el continente.

-Esto deberá implicar algo que no hemos visto, ¿habrá un involucramiento mayor de los Estados Unidos en las realidades latinoamericanas?

-Es cierto, no lo vemos desde hace muchos años. Yo se los digo a los políticos de mi país: “Ustedes critican a Chávez, pero ¿dónde está el dinero?” Chávez gasta cinco veces más en asistencia social para el continente que los EE.UU. Eso es increíble, cómo un país con una economía ínfima puede invertir más en hacer buenos oficios, en las buenas relaciones públicas o en lo que sea. Lo que hemos visto por parte de los Estados Unidos es de una dejadez y una negligencia despampanante. El país no puede apartarse de su relación histórica con la región. Ni de la buena ni de la mala. Obama tiene la inteligencia para pedir disculpas y para intentar recomponer esa oposición entre norte y sur, entre gringos y latinos. Yo espero ver una reconfiguración de la relación que nazca de Washington y que no se quede en la retórica ni en la Cumbre de las Américas [la entrevista fue realizada antes de que estallara el conflicto por las bases de EE.UU. en Colombia. N de la R]. Y si no es la conciencia misma, la venida de China, de Rusia e incluso de Irán al hemisferio tal vez despierten a Washington.

-También durante los años de Bush floreció una nueva conciencia en América Latina, muy opuesta a los EE.UU., representada por gobiernos como el de Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua. ¿Qué curso puede seguir esa corriente?

-Todavía es muy volátil. Depende mucho de personalidades y de dinero, que a su vez depende de precios muy oscilantes. Pero tiene pies y puede tener perdurabilidad. De hecho, ya la está teniendo. Y eso va a afianzarse todavía más si no llegan nuevos líderes, si no hay una tercera vía, que puede ser representada por un cambio de política de Washington hacia el hemisferio. Estados Unidos puede dejar de ser el elemento polarizador. Me gustaría ver eso, un abandono del viejo discurso sobre la política para ayudar a despolarizar América Latina. En eso Obama puede ayudar.

-¿Pero cómo va a ayudar si las dictaduras y los golpes de Estado siguen siendo un trauma para la historia latinoamericana, y muchos fueron avalados o propiciados por los EE.UU.? ¿Cómo se sale de ese estigma?

-Hacia eso iba cuando decía que, si de verdad hay un nuevo discurso, una toma de conciencia y disculpas que ofrecer de Obama dirigidas a diferentes países y no sólo a la región en general, es muy importante que se haga. Sé que es solo una cuestión discursiva, pero puede aliviar muchísimo el ambiente. Ya hemos visto lo que pasó en Oriente Medio con Bush y su política belicista. Cualquier cosa que se diga será mal vista. Aquí, Obama tiene que ir reparando esto. Estados Unidos tiene que reparar algunas de sus políticas, porque causaron muerte, desde la Argentina a Guatemala. Hay que aceptar y pedir disculpas públicas por algo que ya todos sabemos. Clinton pidió perdón por la esclavitud, algo que sucedió hace 130 años, y funcionó. Porque Clinton podía ser falso en muchos aspectos, pero cuando hablaba contra el racismo era creíble. Ahora es el momento de pedir perdón.

-El golpe en Honduras parece ser esa oportunidad, sobre todo teniendo en cuenta el papel turbio de la Casa Blanca cuando intentaron sacar a Chávez. Pero no hay grandes definiciones ni jugadas valientes…

-Es obvio que el aspecto “Gran hermano” del show de Mel Zelaya no es del agrado de Hillary, y es cierto que lo que se hizo hasta ahora no es precisamente un castigo ejemplar. Al parecer la Casa Blanca está haciendo lo mínimo para no figurar como el malo de la película, pero no lo tiene fácil entre los goons derechistoides de Tegucigalpa y lo que parece ser la mediocridad venal de Mel. Sería cómico si no fuese real. Lo triste es que Honduras es un país lleno de gente con problemas reales, una pobreza avergonzante y una violencia delincuencial preocupante. Lo más patético quizás sea el papel de Washington, sin credibilidad y sin las agallas ni la viveza política para remontar su impasse.

-También pareció hipócrita la reincorporación de Cuba a la OEA, ¿debió ceder la Isla?

-Desde el punto de vista de la Revolución cubana, la OEA fue el caballo de Troya de Washington en la región durante todos estos años. Demuestra el desdén hacia estas neorrepúblicas, que por mucho tiempo votaron a dedo, con algunas excepciones. Les decían: ustedes, voten contra Cuba, y lo hacían. Eso fue la OEA, más allá de cualquier opinión sobre Fidel. ¿Dónde está su sede? En Washington. América Latina requiere de una institución propia, que no refleje las pretensiones de los Estados Unidos.

-¿Están dadas las condiciones para eso?

-Sí, hay necesidad de construir una voz aglutinadora. Aunque también podemos ver competencias, grupos que se enfrentan, países. Es algo que estamos viendo a nivel mundial. Desde que nació, la Unión Europea es un instrumento que conviene a naciones afines, primero económica y luego políticamente. Brasil ya quiere ocupar su silla en el mundo y va a ser un gran protagonista de esta puja que comenzó hace unos años con diferentes bloques regionales, como el Mercosur. Hay una necesidad de aglutinarse y ahí se verá qué rol juegan en relación con los Estados Unidos.


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2 responses

18 08 2009
Bitacoras.com

Información Bitacoras.com…

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18 08 2009

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