La coherencia china

20 08 2008

Si hay algo de lo que no se puede criticar a China es de incoherencia en cuestiones de derechos humanos. Tanto internamente como en su política exterior el Estado chino tiene como característica fundamental que es poner a los derechos humanos como un asunto de secundario y hasta peligroso.

 

Por ello no es sorpresa que antes de las Olimpiadas de Beijing el gobierno chino haya impuesto una severa censura al Internet, siendo imposible que cualquier  persona revise websites como los de Amnistía Internacional o Human Right Watch.

 

Una actitud que contrasta fuertemente entre la modernidad  de las ciudades chinas y el dinamismo de su economía que esconden un régimen que tiene una de las peores cifras en derechos humanos.

 

Para la dirigencia china lo importante ahora son los negocios y lograr llegar a ser una de las próximas potencias mundiales, mientras logran eso, prácticas como la pena de muerte, la represión contra las manifestaciones tibetanas  y las restricciones a la libertad de expresión son la moneda corriente.

 

El caso de China contradice el esquema tradicional occidental que cree que primero debe liberalizarse la economía, para que de manera casi automática empiece una evolución natural hacia la democracia y los derechos humanos.

 

Esto no ha sucedido, y más bien las nuevas clases medias que han florecido gracias al crecimiento económico parecen más bien interesadas en integrarse al Partido Comunista para obtener ascenso social.

 

De esta manera la represión es tolerada y considerada como un mal necesario pues el mayor temor de la dirigencia china es perder el poder y los grandes beneficios que traen.

 

Por ello es tan importante mantener las cosas como están, pues seguir provocando miedo para dominar a la población les facilita las cosas a sus dirigentes quienes consideran que esta es la forma de mantener el orden necesario para convertir a este país en la próxima potencia mundial.

 

Esta dureza política es interna pero también externa, por su gran peso política a nivel mundial China tiene a los negocios como ideología, aunque ello signifique complicidad con regimenes nefastos como los de Sudán.

 

Para muestra hay que revisar el papel de este país en la crisis de Darfur al venderle miles de armas al presidente sudanés Omar Hassan-al Bashir, las cuales sin ninguna duda han contribuido con una de las peores tragedias contemporáneas.

 

 

 

Cuando hace unos meses los analistas se preguntaban cómo acabar con la tragedia africana todos miraron a China, el gigante asiático simplemente se reservó el derecho de actuar y actuando coherentemente a sus principios no hizo nada.

 

La respuesta de Occidente en esta materia ha sido la de emitir pronunciamientos mostrando su desagrado, pero sin molestar demasiado para no arruinar los fantásticos negocios que se realizan con este país.


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