El santo revolucionario

12 10 2007

 

 

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Quizás no haya otra figura más mítica en América Latina que la del barbudo guerrillero, Ernesto Che Guevara, a pesar del fin del comunismo su imagen permanece a través de los años, llegando a convertirla en casi un icono de la cultura pop actual.

En el caso de Guevara el mito ha llegado a santificar al argentino hasta el nivel que seguramente él no habría esperado, ni deseado. El “Che” nos despierta nuestra mala conciencia, acusándonos por habernos vendido al imperialismo yanqui, por no haber cumplido su deseo de crear “Dos, tres muchos Vietnams”.

Por eso apreciamos tanto a Guevara, porque él sí se atrevió a dejar las comodidades y enrumbar a ser un aventurero siempre a la espera de la próxima batalla que debe vencer al monstruo y de ahí construir un mundo más solidario, humano y justo.

30 años después su imagen se resiste a desvanecerse en la historia, y ahora es la figura recurrente de zapatillas, polos o cualquier producto que busque lograr ventas aseguradas, entre los jóvenes, que ya no creen en la revolución, ni en la lucha del proletariado.

Su liderazgo romántico y revolucionario sigue en la cultura política latinoamericana, la cual muy bien ha aprovechado líderes como Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro, quiénes no se avergüenzan en pasear, cual fieles católicos, a este ícono viviente.

La leyenda guevarista expone públicamente la esencia de nuestra forma de ver la política, y nos muestra tal como somos: caudillistas, santificadores y maníqueos. Según esta forma de pensar el guerrillero argentino sería casi un santo laico.

Con esto, flaco favor le hacen a la causa de la izquierda latinoamericana pues olvidan que el Che, era todo menos un ángel , no olvidemos que en él también había un instinto autoritario, registrado ampliamente por los fusilamientos que ordenó tras el triunfo de la revolución cubana en el cuartel La Cabaña y que cambian esa idea tan idealizada que tenemos de él.

Así acabó el Che tras la lucha en la selva de Sierra Maestra, convertido en un burócrata parametrado de la nueva era castrista, incapaz de evadir el dogma socialista y confirmando esa constante histórica por la cual las utopías justicieras terminan en medio de cadáveres amontonados.

La vida de funcionario no era para él, definitivamente, por lo que decidió extender la revolución por Latinoamérica,y según sus cálculos Bolivia era el lugar ideal para expandir el sueño socialista.

Pero, sus planes estaban eran más producto de la ideología que de la realidad, cuya muestra palpable fue su fracaso en el país altiplánico, en donde le fue imposible convencer a los campesinos bolivianos para que se unan a su causa. El revolucionario y contestatario más famoso del mundo falló al creer que una chispa era suficiente para encender la pradera.

Este error le costo caro al pobre Che, que terminó asesinado por agentes financiados por la CIA, acabando con la ilusión de un mundo más justo y con la posibilidad de que fuera el contrapeso ideal contral el poder del omnivoro poder de su compañero de batalla, Fidel Castro, quién convenientemente se quedó sólo como la figura emblemática de la revolución cubana.

El Che, icono pop. ADN.es


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One response

12 10 2007
mora valdes

jaaa!!!, diste en el clavo!! (estas bien claro),
un saludo y un abrazo sincero

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