Vietnam e Irak

3 09 2007

fallofsaigon.jpgEl presidente norteamericano George W. Bush se resiste a ordenar la retirada de Irak y ha instado a no repetir los errores de hace 20 años cuando el ejército estadounidense se retiro de Vietnam del Sur.

Bush está tratando de vender la idea de que dejar Irak sería dejar a una naciente democracia indefensa frente a las garras del extremismo, como se hizo entonces con el gobierno de Vietnam del Sur, el cual cayó rápidamente en manos del comunismo.

Al igual que en el sureste asiático, el gobierno del primer ministro Nuri Al – Maliki apenas se sostiene en medio de los estallidos diarios de los coches bombas, los asesinatos selectivos y los enfrentamientos inter-religiosos.

La comparación es similar, por cierto, sin embargo el análisis histórico de la Casa Blanca no contempla que, al igual que en Vietnam, la democracia es frágil en Irak porque sufre de un serio problema de legitimidad pues está tutelada por el ejército norteamericano.

Por ejemplo, alguien podría creer que un partido anti-norteamericano podría ganar unas elecciones limpias en Irak. La respuesta es que terminaría siendo ahogado por la presencia norteamericana en el país.

La democracia y la libertad siempre han formado parte del vocabulario de la política exterior norteamericana, sin embargo tienen un problema para que esas palabras no caigan en la mera retórica.

Washington suele asociar democracia con paz y nuevamente vuelven a cometer el mismo error, al suponer que un país sin tradiciones democráticas y con grandes tensiones étnicas pueda transformarse en un modelo para el Medio Oriente.

Otra cosa que se está repitiendo con la dolorosa experiencia de Vietnam, se empieza a reformular el verdadero interés en mantenerse en una zona altamente inestable y cuya batalla están perdiendo.

Por eso, hay un consenso cada vez mayor de que es mejor dejar al gobierno iraquí resolver el problema y apresurar la salida norteamericana, para evitar quedar enfrascados en una eventual guerra civil.

Ninguna de estas reflexiones surgiría hoy, si es que no se hubiera tomado esta guerra tan a la ligera, pensando que enorme poder militar norteamericano era suficiente como para cambiar radicalmente un país como Irak.

Al igual que en el sureste asiático el triunfalismo embriagó a los estrategas y los hizo creer que sólo bastaba la voluntad para crear una nación a la medida.

Sin duda la lección de Vietnam que debió aplicarse a Irak es que los lemas y consignas patrióticos no son suficientes para lograr una victoria, y que el dogmatismo en política exterior conduce a fracasos estrepitosos.


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