El otro Holocausto

8 08 2007

En tan solo minutos el mundo dejó de existir. Árboles, casas y 300 mil personas se desintegraron ante el gran hongo nuclear que terminó con la Segunda Guerra Mundial en aquella mañana de 6 agosto de 1945 en Hiroshima y tres días después en Nagasaki.

Según información del Museo Memorial de Paz de Hiroshima, lo que sucedió tras la explosión fue lo siguiente: “La temperatura del aire al momento de la explosión alcanzó varios millones de grados centígrados (la temperatura máxima de las bombas convencionales es de aproximadamente 5 mil grados centígrados). Varias millonésimas de segundos después, apareció una bola de fuego que irradiaba calor blanco. Una diezmilésima de segundo después, la bola de fuego se expandió hasta alcanzar un diámetro de 28 metros con un temperatura cercana a los 300 mil grados centígrados.”

 

La justificación oficial del entonces el presidente norteamericano Harry S. Truman fue que la única forma de lograr la rendición de Japón y  evitar mayores pérdidas entre los soldados norteamericanos. Una idea que ha permanecido intacta determinando que fue un hecho terrible pero no fue un crimen.

Hasta antes de los bombardeos existía un consenso más o menos aceptado de que la guerra librada por los aliados contra la Alemania nazi y sus aliados era una guerra justa, sin embargo el ataque atómico definitivamente desvirtuó esta causa.

El lanzamiento incluso fue criticado por una figura emblemática como la del general Dwight Eisenhower quien indicó que: “Los japoneses estaban listos para rendirse y no era necesario atacarlos con esa cosa horrible”.

En general los mandos militares norteamericanos eran conscientes de que la rendición de Japón era cuestión de tiempo, tras perder muchos de los territorios conquistados en Asia y en El Pacífico.

Además, vale recordar que para ese momento las otras potencias del Eje como Alemania o  Italia claudicaron frente a la avalancha de los ejércitos aliados.

A pesar de los argumentos de que era absolutamente necesario destruir dos ciudades con civiles, ésto podría ser considerado en cualquier tribunal independiente un crimen de guerra.

¿No eran acaso los bombardeos de la aviación alemana a poblaciones civiles crímenes contra la humanidad? La respuesta es afirmativa, y sería lo mismo en caso del bombardeo norteamericano, si es que la historia no la escribieran los vencedores.

Por cierto, la tesis de que en la década del 40 ya existían las normas internacionales que regulaban la guerra como los acuerdos de La Haya de 1899 y 1907, que entre otras cosas señalaban que:

  • Art. XXIII de la convención de 1899 puede leerse: Los derechos de los contendientes para dañar al enemigo no pueden ser ilimitados.

 

  • Art. XXV de la convención de 1907 indicó que: Está prohibido el ataque o bombardeo de ciudades y aldeas indefensas.

Las razones del bombardeo, entonces, se pueden explicar por ese nefasto maquiavelismo que invadió a los políticos norteamericanos quienes de esta manera inauguraron un tipo realismo siniestro.

Para la época se buscaba quedar en una posición de fuerza frente a la URSS, por lo que el bombardeo a las ciudades japonesas era una manera de mostrarles los dientes a los soviéticos para evitar que su influencia llegara a Japón como sí pasó en los territorios europeos “liberados” de los nazis.

 

 

 

 

 

 

 


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