Los dilemas de Babel

25 03 2007

No hay razones para el optimismo según muchos europeos, para quienes el aniversario de la Unión Europea les recuerda las promesas incumplidas de este gran experimento regional que parece un gran Frankestein lento y de caminar pesado.

Según la encuesta del Financial Times el 44% de los europeos dicen que su vida cotidiana ha empeorado desde que sus países ingresaron a  la UE. Los europeos se quejan de la excesiva burocracia, el desempleo y las desigualdades, las cuales están frenando el inicial optimismo con el que empezó el proyecto europeo.

La decepción es el desafío más grande con el que deben lidiar las autoridades de Bruselas, a lo que se suma la multiplicidad de intereses, temores, reinvindicaciones y ambiciones de  los 27 de países que conforman este enorme elefante. 

No son tiempos  buenos para la UE, el último de sus  fracazos fue el masivo rechazo francés y holandes a ratificar la Constitución Europea. Una cachetada  estruendosa si recordamos que Francia es el artífice de la integración europea  y el principal  propulsor de formar un bloque unido políticamente.

Esto  muestra que los intereses de los líderes europeos van por un lado  y los del común de la gente van por otro, implantando más obstáculos a la ya de por sí complicada integración. Como mencionara un diario los europeos a pesar de tener niveles de vida altísimos, posibilidades de viajar y trabajar por casi todo el continente, están llenos de miedo al ver como “las fábricas a países con mano de obra barata, el flujo de inmigrantes aumenta y la amenaza terrorista está  a la vuelta de la esquina”. 

Con estas afirmaciones la Unión Europea  muestra que es un proyecto ambicioso pero  incapaz de llevar a la práctica todos los objetivos que se ha planteado.

Por otro lado,  pese al éxito económico no se ha podido construir  algo tan complejo como el sentimiento de identidad europea.  Como menciona Timothy Garton Ash en su columna en The Guardian  quien indica que cada ciudadano tiene su propio drama nacional: “el show de Gordon y Tony, en Reino Unido; el show de Silvio y Romano, en Italia. “ 

Esto demuestra que pese a la unificación de las economías y  los negocios, lo que aún falta es la unión política, esa es la parte más complicada, pues necesariamente implicará  que los Estados cedan aun más, gran parte de su poderes y funciones a favor de una organización en permanente conflicto interno. 


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