Paragate

23 02 2007

El gobierno de Álvaro Uribe está en su momento más oscuro, tanto que su canciller María Consuelo Araujo ha tenido que renunciar luego de que su hermano y padre fueran denunciados por colaborar con el grupo paramilitar Autonomías Unidas de Colombia (AUC) que ha sobornado a una gran parte de la clase política de Colombia..

No había salida para la renuncia de Araujo luego de descubrirse los vínculos de su familia, un puesto clave como el de Relaciones Exteriores requiere no tener dudas sobre la honestidad del gobierno colombiano.

La renuncia era inevitable ante la contundencia de los argumentos, su hermano cómplice del paramilitarismo está ahora preso por cargos que incluyen el secuestro de un político opositor, su padre, además, tiene un proceso por el secuestro y asesinato de lideres indígenas. De esta manera era imposible representar la honestidad del Estado colombiano cuando se tiene esos parentescos.

Uribe, el favorito de Washington en América Latina, corría el riesgo de que la administración demócrata en el Congreso no aprobara el Tratado de Libre Comercio, ni una ampliación del Plan Colombia si las dudas de su apoyo a los paramilitares continuaba.

Como se sabe los grupos paramilitares se caracterizan por la brutalidad de sus violaciones a los derechos humanos y por llevar una guerra abierta contra la guerrilla de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), aunque al igual que el Estado colombiano luchan contra la guerrilla su negro historial ha sido suficiente para que Estados Unidos lo incluya en su lista de grupos terroristas.

Sin embargo, para una gran parte de los políticos colombianos, el colaborar con los paramilitares era una manera de colaborar contra la guerrilla de las FARC cuya lucha ya lleva 40 años sin que se aun se haya podido ganar la guerra.

Por otro lado, lo ideológico no ha sido lo único en la relación entre políticos y “paras”, la compra de conciencias entre parlamentarios, gobernadores y altos funcionarios muestra como la clase política colombiana ha sido cómplice de secuestros, asesinatos y desplazados.

El llamado “Paragate” es una muestra no sólo de la posibilidad de corromperse de los clase política de este país sino de la capacidad de poder de las Autonomías Unidas de Colombia que es capaz de ser un actor casi tan fuerte como el Estado.

Foto: Revista Semana


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