La muerte en tu celular

23 02 2007


Por una de esas paradojas de la economía global los usuarios de teléfonos celulares, podríamos ser cómplices indirectos de la guerra, destrucción y muerte que sufre hace 10 años la República Democrática del Congo (RDC), en África. El deseo de varias multinacionales de adquirir el mineral llamado coltan causó la peor catástrofe de este país y la revelación del lado más oscuro del negocio de la alta tecnología.

El coltan es un mineral esencial para la fabricación de infinidad de aparatos electrónicos de uso cotidiano para el mundo occidental, entre ellos los celulares, computadoras, imprescindibles para el funcionamiento de nuestra rutina diaria.

La historia comienza a fines de los 90´s cuando las multinacionales sufrieron de la mayor escasez de coltan de su historia; tanto así que incluso la japonesa Sony tuvo que retrazar el lanzamiento de la segunda versión del juguete electrónico “Play Station”, por la falta de su suministro principal.

Como Sony muchas empresas dirigieron inmediatamente su interés en los abundantes recursos naturales de la RDC, pues posee el 80 % del coltan en el mundo, además de ser rico en otras materias primas valiosas como diamantes, cobalto, oro, etc.

Por tal razón, la codicia de las grandes transnacionales por obtener este material ha provocado uno de las peores guerras que el centro de África haya conocido, y que la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright , calificó como la “primera guerra mundial africana”.

De esta manera, con montañas de material esperando por ser explotados, diferentes grupos en conflicto en la RDC empezaron a disputarse sangrientamente, entre 1998 hasta “oficialmente” el 2003, los yacimientos de recurso para proveer a multinacionales como Hitachi, Siemens, IBM para que los ciudadanos civilizados del mundo pudiéramos disfrutar ampliamente de las comodidades de la tecnología.

Por supuesto, las grandes empresas no se mancharon las manos en negocios tan turbios, pero según los informes de la ONU, se demostró como empresas intermediarias como Sagem, HC Starck y Cabot, abastecieron de este material a las grandes corporaciones, cuyo destino era principalmente fue Estados Unidos, Bélgica o Alemania.

Las consecuencias del hambre de coltan fueron devastadoras, como indicó la revista británica Lancet cerca de 4 millones de muertos desde que el conflicto se inició en 1998.

Los asesinatos y la violencia generalizada fueron el medidor del negocio del coltan, el cual se convirtió en todo un éxito, tanto que entre 1999 y 2000 los señores de la guerra fueron capaces de cobrar casi un millón de dólares al mes. Dinero que sirvió para financiar ejércitos privados que han prolongado el clima de guerra hasta nuestros días.

Lo que para algunos países significaría la prosperidad para otros como la RDC es una maldición que ha causado genocidios étnicos, reclutamiento de menores de edad y la semi-esclavitud para miles de congoleños.

Según indican los organismos de derechos humanos en las minas de coltan a trabajaron alrededor de 20 mil mineros bajo custodia de militares o de los grupos guerrilleros, que desplazaban campesinos, prisioneros o menores de edad para obligarlos a trabajar en condiciones de semi-esclavitud.

Sobre esto último, el trato hacia los menores ha sido uno de las pasajes más desoladores de este país, las imágenes de niños maltratados, armados de ametralladoras, o asesinados han sido la constante en un conflicto sin límites.

La brutalidad del conflicto y la impunidad con la que se violaron los derechos humanos hizo que en algún momento el 20% de los niños congoleños muriera antes de cumplir los 5 años.

La guerra interminable

Desde 1998 cuando la guerra inició la anarquía fue la constante, por un lado estaba el ejército gubernamental liderado por el presidente de entonces Laurent Desire Kabila apoyado por sus países como Zimbawe, Angola y Namibia contra los ejércitos de Ruanda, Uganda y Burundi.

A su vez, el gobierno ruandés apoyó a la milicia Agrupación Congoleña por la democracia (ACD), Uganda por su lado también se alió con el Movimiento de Liberación Congolés (MLC).

Además, la gran variedad étnica del país dividido en Hutus, Tutsis, Mai-Mai, entre otros, sirvió para alimentar las tensiones entre las partes, que a su vez ha servido para que cada grupo intente repartirse el coltan congoleño y otros recursos para enriquecerse.

Sin embargo, al inicio la guerra no fue por la codicia de recursos naturales, sino la complejidad étnica de esta zona de África cuyos conflictos actuales son producto de tensiones que van más allá de las fronteras de los Estados.

Por ejemplo, al principio Ruanda invadió la RDC para perseguir a las milicias “Interhamwe” hutus que en 1994 fueron los responsables del genocidio ruandés que significó la muerte de alrededor de 400 mil tutsis.

Los tutsis que no murieron se organizaron en el Frente Patriótico Ruandés (FPR) y expulsaron a los hutus al territorio congoleño hasta donde los persiguieron, una vez que ocuparon parte del país auspiciaron guerrillas locales que complicaron más la volátil situación política.

Si hay algo que debe entenderse en conflictos como éstos es que los intereses de los grupos étnicos o de clanes traspasa absolutamente los límites de lo que en occidente conocemos como Estado-nación.

Quizás la manera más precisa de entender una guerra como la de la RDC es que los países en verdad son construcciones artificiales, consecuencia del colonialismo occidental, y las verdaderas lealtades son hacia los líderes de sus étnias ya sean estas tutsis, hutus, mai-mai, etc.

Un futuro incierto

Tras el acuerdo de paz firmado en 2002 por las diferentes partes se ha establecido una frágil paz, que no ha podido ser lograda a pesar de que en la RDC hay una fuerza multinacional de alrededor de 20 mil efectivos encargados de la difícil tarea de reconstruir y garantizar la paz en un país aun inestable.

Pese al retiro de los ejércitos ruandés o ugandés, los grupos auspiciados por estos países siguen operando y explotando no solo el coltan, cuyo precio disminuyo debido al escándalo en torno a su comercialización, sino también ahora se explota oro, cobalto, diamantes, por lo que el tráfico ahora es la moneda corriente entre los diferentes grupos.

Según diversas informaciones las milicias activas, al este del país, aun extraen este mineral para transportarlo hasta Ruanda u otros países fronterizos desde donde se puede comercializar libremente, de esta manera evaden las restricciones estatales que prohíben el control de estos recursos salvo a empresas autorizadas.

Un grupo de expertos de la ONU ha recomendado redoblar los esfuerzos para controlar el comercio ilegal de minerales valiosos de la RDC, pues la depredación continua a cargo de diversas milicias como de la fuerzas armadas de este país.

El informe indicó que mientras el Estado congoleño no controle firmemente las industrias, redes de transporte y minas, las posibilidades de lograr la paz y la seguridad en este país será solo un sueño.

¿La historia se repetirá?

La situación política actual en la República Democrática del Congo es una incógnita, pues el gobierno de Joseph Kabila ( hijo de Laurent Kabila) debe desarmar las diferentes facciones para construir un sentimiento de unidad en un país fuertemente dividido por razones étnicas políticas.

Tras su elección en 2006, su permanencia en el poder se sostiene básicamente por las fuerzas multinacionales, y un frágil acuerdo entre las diversas partes que aceptan su Gobierno, sin que signifique que el revanchismo y los odios ancestrales se hayan extinguido, ni que la corrupción de desarrolle a sus anchas.

Una muestra de la encrucijada congoleña lo demuestra la decisión del mandatario de nombrar cuatro vicepresidentes provenientes de las diferentes partes enfrentadas, para repartir un poco de poder a cada grupo y poder gobernar con cierta flexibilidad.

Sin embargo, la violencia aún continua siendo la moneda corriente pese al acuerdo de paz que se firmó en el 2002 la moneda corriente sigue siendo la violencia entre diferentes milicias que controlan algunas partes del territorio y que aun no se a podido desarmar totalmente para integrarlas al ejército regular.

Por otro lado, a la explotación del coltan ahora se le suma la codicia por explotar los ricos yacimientos de oro que se encuentran al norte del país, controlados por grupos rebeldes, como por las fuerzas gubernamentales.

La situación no ha cambiado mucho y como señala la organización Human Right Watch el reclutamiento forzoso, la explotación infantil y el abuso han empezado nuevamente para abastecer de oro a la multinacional Anglo Gold Ashanti, quien es la principal beneficiada con el comercio de este metal.

Como menciona el diario británico The Guardian, “ el gobierno permite a compañías mineras explotar el oro, mientras da poco apoyo a las comunidades locales,” “ por tal razón las comunidades cercanas a las minas sufren los efectos de la polución, escasez de agua y reclutamiento forzado.”

De esta manera todo indica que la riqueza puede ser una maldición, bien como Andres Ortega en la revista Foreign Policy: “la riqueza en recursos no sólo origina muchos conflictos, sino que tiende a alargarlos”.

La lucha por los recursos naturales no terminó y todo indica que continuará si no es coltan, será petróleo, diamantes, o gas, como hemos visto el libre mercado encaja perfectamente con la naturaleza del hombre que es capaz de cualquier cosa con tal de obtener riqueza.


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