República monárquica

4 02 2007

Si hay algo que agradecer al presidente venezolano Hugo Chávez es que es transparente en sus actos, como los poderes infinitos que le otorgó el Congreso venezolano y que le permitirá legislar libremente y sobretodo modificar las leyes para poder reelegirse sin mayores problemas.

La innegable vocación autoritaria del mandatario lo ha hecho creer que es imposible el futuro de Venezuela sin él al mando, una vigente aún en la política latinoamericana que da una importancia extrema a los caudillos de cualquier esfera política.

Chávez en ese sentido, pese a autodenominarse a sí mismo como un reformista del sistema político venezolano en verdad está siguiendo lo más elemental y tradicional de la cultura política en América Latina.

Esta tradición siempre consideró a la democracia con separación de poderes e instituciones como un instrumento lento, burocrático e insensible a las necesidades populares.

Sin embargo, si algo ha enseñado historia es que con mayor concentración de poder, es mayor el grado de corrupción, ceguera política e incapacidad para ver el mundo más allá del interés del gobernante de turno.

Chávez, ahora, quiere amular al rey de Francia, Luis XVI, quien dijo: “El Estado soy Yo”, y llevar a Venezuela al ” Socialismo del siglo XXI” con lo cual ha empezado gobernando sin restricciones del Congreso por 18 meses.

Muchos podrían pensar que la situación venezolana es debido solo al dominio absoluto del presidente venezolano y sus partidarios, pues no, Chávez es producto de los fracasos de la clase política de este país, de su corrupción y de su falta de visión.

Ya van varias reelecciones y un referéndum que han consolidado al mandatario como un líder indiscutible, ante esto la oposición no ha podido crear una figura carismática, ni un movimiento cohesionado que haga tambalear al presidente.

Por otro lado, la clave de que un gran sector de la sociedad apoye a Chávez en sus impulsos autoritarios es su gran proyección social que se nutre de los petrodólares que obtiene Venezuela.

Un sector venezolano no están interesados en la democracia, ni en la división de poder, ni en que cada vez haya menos derecho a discrepar, lo que les interesa es más escuelas, mejores centros de salud, etc, por lo que han encontrado en Chávez su gran benefactor.

Y es que aunque nos parezcan ridículos sus discursos interminables o que en su programa “Aló presidente” el mandatario resuelva los problemas de su pueblo como si se tratara de una tienda, ese estilo es en gran parte la razón del éxito de su permanencia en el sillón presidencial y los poderes ilimitados de los que goza en la actualidad.


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