Matrimonio imposible

20 01 2007

Las últimas reuniones de presidentes latinoamericanos se han convertido casi en peleas maritales en donde los mandatarios se sacan los trapos sucios en público, como en la reciente cumbre del Mercosur, en donde el presidente  boliviano Evo Morales le echó en cara a su homólogo colombiano Alvaro Uribe su imperdonable cercanía con el “Imperio norteamericano.”

 

Las cumbres latinoamericanas se están volviendo en casi en sesiones de psicoanálisis en donde los insultos se reparten a abiertamente, a este paso estas reuniones se convertirán en  realities shows, en donde Hugo Chávez de Venezuela encaré a Michele Bachelet de Chile el abandonar los ideales socialistas.

 

Latinoamérica nunca estuvo tan desunida como ahora  y es casi imposible hablar realistamente de un bloque compacto como la soñada Comunidad Sudamericana de Naciones que incluya tanto a los países de Mercosur como a los de la Comunidad Andina.

Una unión que es necesaria para afrontar los retos del siglo 21 en donde los bloques como Unión Europea, Norteamérica y  los países asiáticos serán los que mayores ventajas le sacarán a la economía global. Algo que América Latina requiere con desesperación.

Y es que lo que impide la unificación latinoamericana son las  grandes diferencias que existen sobre el modelo político que desean, por un lado Venezuela y Bolivia contra Perú , Colombia y Chile. Los primeros obsesionados por realizar la revolución socialista que beneficie a los más pobres y que tienen como enemigo jurado a Estados Unidos. Los segundos, saben que hay que integrarse a la economía global y estar a favor de Washington para no quedarse al margen de los beneficios de la globalización.

En el medio están países como Brasil que juega a la doble cara y que no se decide a ser el país líder de la región, pese a que tiene todo lo necesario para lograrlo. Con su tamaño y su economía serían suficientes para ser uno de los grandes en Latinoamérica.

Al parecer el presidente Lula, por afinidad ideológica prefiere pegarse más a la figura de Evo Morales o Chávez, para no perder su lealtad al socialismo, aunque quienes más felices con el régimen brasileño sean los analistas de Wall Street, quienes están encantados con el moderlo económico de Brasil.

Si Latinoamérica quiere estar unida debe acabar con esas política exteriores de solidaridad y pensar más en sus intereses, si quieren llegar a algún lugar deberán fijar algunos objetivos y seguirlos aunque eso signifique no llevarse bien entre presidentes. En otras palabras debe haber un matrimonio por conveniencia.


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