El peor trabajo del mundo

22 12 2006

 

Largas horas de trabajo, un ambiente de constante presión, y la seguridad de que su trabajo no será apreciado es lo que le esperan  al nuevo  secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki –Moon,  cuya labor a favor de la paz dependerá de saber una  buena dosis de paciencia, realismo  y valentía para librar de la inutilidad a este vital organismo internacional.

No son tiempos buenos para ONU su misión de velar por la paz y la seguridad internacional han quedado reducida a la pura retórica frente a Estados que ignoran absolutamente sus compromisos de cumplir las decisiones del organismo multilateral.

 

Apenas asuma el cargo de Secretario General, este diplomático tendrá que enfrentar la situación en Irak, que ya va rumbo a la guerra civil tras la intervención norteamericana.

 

Su misión en ese sentido será llevar otra vez  a los Estados Unidos a  trabajar dentro de un orden multilateral, luego de que Washington atacara ilegalmente al país árabe sin autorización de la organización y causando un grave precedente que casi redujo la labor de la ONU  a la inutilidad.

 

A pesar de los errores de la Casa Blanca, su presencia en este foro es absolutamente necesaria, pues su poder es esencial para cumplir las misiones  que Consejo de Seguridad apruebe, así mismo para Washington ya no es sostenible el argumento de que tan solo con el poder militar se puede ser una potencia, el factor legitimidad es importante y solo el multilateralismo que representa este organismo se lo puede dar.

 

Ki-Moon, además, deberá poner en practica las recomendaciones que dejó su predecesor, Kofi Annan, quién era un convencido de aplicar una reforma profunda del organismo antes de que éste termine siendo intrascendente por su lentitud, falta de recursos  y  firmeza.

 

Los cambios que deberán ir desde la ampliación de miembros del Consejo de Seguridad  a tener visión más realista  de las operaciones de mantenimiento de la paz.

 

De esta manera, los desafíos del nuevo Secretario General, serán enormes y requerirán una gran audacia, para recuperar la fe en el multilateralismo, por lo que deberá ser valiente para denunciar que los principales responsables del éxito o fracaso de la ONU son sus propios miembros.

 

Muchos hablan del fracaso de Naciones Unidas como si fuera un organismo que tuviera vida propia, sin darse cuenta de que muchos de los fracasos en Ruanda, la ex Yugoslavia o el propio Irak, es consecuencia de la falta de compromiso de los Gobiernos que conforman este foro internacional.

El drama de la ONU y en general del derecho internacional es de que son letra muerta mientras los Estados no reciban sanciones que los obliguen a cumplir con sus compromisos. Esto incluye tanto a los Corea del Norte o Sudán cuando violan los derechos humanos o Estados Unidos y Gran Bretaña cuando sienten el impulso de atacar otros países, incumpliendo la Carta de Naciones Unidas. 

Ojalá Ban Ki –Moon signifique una nueva era para la organización pues de ella depende crear el orden mundial que quedó pendiente de realizarse cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y se soñó en un ente superior que desterrara el instinto autodestructivo de los hombres. 


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