¿DURARÁ?

2 12 2006

Ecuador, cuya capacidad para expectorar presidentes lo hace famoso, decidió elegir como nuevo mandatario al líder del movimiento Alianza País, Rafael Correa, quien enarbolando las banderas del cambio social y recogiendo el descontento popular ganó la elección, pero no la garantía de culminar su mandato.

 La primera tarea de Correa será hacer un gran esfuerzo de concertación y aprender que la moderación debe ser una bandera que tendrá  que enarbolar pronto para poder cumplir todas las promesas desplegadas durante la campaña.  Sin representación parlamentaria, su ascenso al poder se debió en gran parte por el apoyo  del movimiento indígena Pachacutic, pero su sociedad con ella puede también ser su muerte política como le pasó al ex presidente Lucio Gutierrez, quien llegó al poder  respaldado por este grupo, que posteriormente lo desecho por desviarse de la línea política con la que ganó las elecciones. El drama de Ecuador es su inestabilidad política en donde en diez años ha tenido ocho presidentes, pero esto no es lo único lamentable de esta joven democracia sino que en cada cambio presidencial también muere la fe en el sistema democrático. 

Una democracia que poco ha hecho por una población empobrecida, y que va de crisis en crisis esperando al “ líder salvador” que solucione todos los problemas de la noche a la mañana. Es cuestión de tiempo para saber que rumbo tomará Correa, aunque todo parece indicar  que elegirá el camino del populismo que es retóricamente delicioso pero que poco hace por disminuir las terribles cifras de pobreza y falta de esperanza de los ecuatorianos. Tal vez aún no lo sepa el líder ecuatoriano, pero se ha metido un problema enorme pues ganó la elección enarbolando las banderas contra el libre mercado, sin embargo, no hay otra muchas alternativas al orden global existente que si bien ha sido injusto en muchos casos es imposible ignorarlo. El ascenso de este nuevo presidente se suma a la nueva tendencia en América Latina de los líderes antisistema cuya característica principal es rechazar a los partidos políticos, ni tampoco querer formar parte de los usos y costumbres de las instituciones. Un nuevo estilo consecuencia directa de los sucesivos fracasos de las democracias latinoamericanas cuyos partidos e instituciones envejecieron pronto en medio de la corrupción, la falta de representatividad y el fracaso de las políticas económicas. 

Ante esto, ojala que el nuevo presidente ecuatoriano, ansioso de refundar la república, no caiga en el tradicional caudillismo latinoamericano autoritario el cual no solo destruye a las democracias sino que impide el formar auténticos Estados, imprescindibles para el desarrollo de países como Ecuador.  


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