PECADOS FRANCESES

3 11 2006

Las investigaciones sobre el genocidio en Ruanda en 1994 han alcanzado inesperadamente a altos niveles, acusando directamente al Ejército francés de ser cómplice en la matanza de tutsis durante este conflicto. De esta manera, las culpas ahora son compartidas  al acabar el estigma de estos “bárbaros” africanos que se aniquilaron con fruición.

Según las investigaciones realizadas por un tribunal ruandés, que incluyó testimonios de  25 sobrevivientes, el Ejército francés que pertenecía a una división de cascos azules de las Naciones Unidas facilitaron la huía de las milicias tutsis, quienes lograron escapar a la Republica Democrática del Congo, cuando el conflicto estaba por terminar.

Como se recordará durante aproximadamente 100 días las  milicias de la etnia hutu asesinaron sistemáticamente a sus compatriotas tutsis causando un genocidio que acabó con alrededor de  800 mil personas, mientras los cascos azules de la ONU solo se  limitaron a observar la masacre al estar inhabilitados de participar en el conflicto.

De esta manera, los militares enviados por el Gobierno de Francia enviados para tareas humanitarias no solo no cumplió con esta tarea, sino que permitió que miles de culpables de genocidio escaparan para evitar ser juzgados por crímenes de lesa humanidad.

Según el informe del Poder Judicial ruandés los militares franceses que participaron en la denominada “Operación Turquesa” establecieron un corredor humanitario que sirvió sobretodo par permitir la huída de los culpables del genocidio. Como si esto no fuera suficiente, los  miembros del Ejército también están acusados de permitir que las milicias hutu atacaran campos de refugiados tutsi.

Así, seguramente los tribunales internacionales  tal vez no solo juzgarán a genocidas ruandeses, quizás también se investigará la actuación del Gobierno de Francia por su lamentable actuación en la zona de los Grandes Lagos en África.

Francia deberá expiar sus culpas por la mayor matanza del siglo 20, pero para ser justos los procedimiento y decisiones que la ONU tomó también fueron vitales para esta vergonzosa etapa la historia, por que cualquier juicio de valor deberá incluir a la organización.

Para muchos el caso ruandés solo demostró que Naciones Unidas fracasó en su misión de garantizar la paz y seguridad mundial,  respaldando el argumento que es solo una reunión de embajadores enredados en kilómetros de inútil retórica.

Sin embargo, no hay que olvidar que la organización  solo puede aplicar poder real cuando sus países de verdad lo desean, por lo que las demoras y decisiones que tenga este organismo son también responsabilidad de sus países miembros.

En el caso de Ruanda, hay que resaltar que las potencias occidentales miraron a otro lado, prefirieron aquella vez no intervenir porque no había intereses estratégicos en juego por lo que dejaron desprotegidos a miles de tutsis que nada pudieron hacer  para evitar su suerte.

Actualmente, éste es uno de los grandes debates  existentes. Cómo favorecer al multilateralismo y a organizaciones como la ONU si los países no están dispuestos a apostar para la causa de la paz.

La retórica ha sido abundante pero lo que se necesita es compromiso y asumir riesgos, evitando esa postura cínica de que los asuntos morales no deben influir en la política internacional.


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