CÁNCER O SIDA

17 10 2006

En Ecuador  las cosas comienzan a polarizarse luego de las elecciones determinaron  que habría segunda vuelta entre Alvaro Noboa del “Partido Renovador Institucional Acción Nacional” (PRIAN)  y  Rafael Correa de “Alianza País”, para muchos, sin embargo la elección será como escoger entre el Cáncer o el Sida.

Ambos candidatos se encuentran en las antípodas. Por un lado, Noboa, quien es el hombre más rico de este país gracias al comercio de bananas es un entusiasta de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, siendo en materia económica más próximo a la  libre mercado y a las inversiones extranjeras.

Por otro lado,  sus apariciones públicas se caracterizaron de un paternalismo  ya conocido en América Latina,  su imagen de caudillo benefactor mezclado con un fuerte sentimiento religioso le ha dado los resultados adecuados, pese a que pueda generar mayores expectativas de las que pueda cumplir una vez sentado en el sillón presidencial.

Rafael Correa del movimiento “Alianza País”, en cambio, es el promotor de una reforma radical en materia política,  fiel seguidor de las doctrinas del presidente venezolano  Hugo Chávez, se ha posicionado como el nuevo en política  y por lo tanto no corrompido por las tradicionales estructuras de poder.

Su candidatura ha generado un temor por su rechazo a acercarse a Estados Unidos, así como por su plan para cambiar la Constitución, la cual siembra las dudas sobre si no se esconde una trampa contra la débil democracia ecuatoriana, al intentar reelegirse sucesivamente como lo hizo Chávez  en Venezuela o Fujimori en Perú.

Pese a las diferencias aparentes de los candidatos, su presencia muestra la incapacidad de Latinoamérica  de consolador liderazgos sin que éstos sean profundamente mesiánicos,  y con un fuerte culto a sus propias personalidades.

Hablar de ideología y de partidos ya es arcaico, pues su desgaste es tal que  ha originado estos movimientos descartables  diseñados para ir a captar votos, pero sin programas realistas, ni estructuras que duren más allá del líder.

Cualquiera que salga elegido deberá  asumir los riesgos de la “maldición” ecuatoriana  que ya lleva aproximadamente 10 años, que hace que sus gobernantes no culminen sus mandatos.

Por esto, el principal desafío que afrontará el nuevo gobernante será el de la impaciencia ciudadana, que siempre ha terminado por expectorar a sus presidentes  por no cumplir las promesas hechas durante las campañas electorales.

Con casi la mitad de la población en la pobreza, y con la desconfianza a flor de piel entre los ecuatorianos, el nuevo presidente tendrá que hilar muy fino para no desgastarse rápidamente y mantener su popularidad, pero a la vez tendrá que ser un gestor equilibrado que debe evitar el populismo fácil que siempre termina a un nuevo desastre.

Imagen1: Rafael Correa

Imagen 2: Alvaro Noboa


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