Como ya se habrá notado los monjes budistas de Burma (Myanmar) son la fuerza militante más importante en las manifestaciones que se han dado en los últimos días contra el gobierno militar birmano y que han terminado por tomar el lugar de muchas organizaciones políticas.
Como menciona Aung Zaw en The Guardian:
“With the leading pro-democracy voices summarily silenced, the political pongyi, or monks, decided that enough was enough. With Min Ko Naing and others incarcerated again at the notoriously brutal Insein prison, where they had spent so many years already, the monks bravely stepped up to broadcast the popular message”.
La fuerte represión terminó con los partidos políticos, sus líderes, muchos de ellos arrestados e impedidos de cualquier oposición, son la muestra palpable de un régimen que ha hecho del autoritarismo una manera de sobrevivir a través de los años.
Y como ya ha pasado otras veces en la historia, parece que la organización, disciplina y civismo de los grupos religiosos son claves en luchar contra una dictadura cuando aparentemente ya no había espacios para la crítica.

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